Si he amado a alguien, creo que fue a él. Y por eso lo boté, lo traté de la peor manera que pude. Luego regresé, y regresó, pero ya estaba demasiado desequilibrada como para continuar. Para hacer la historia más corta, me gustaba. Era guapo, delgado con cuerpo muy lindo, inteligente, simpático... Y teníamos mucha empatía. Lo digo porque escuchó cada una de mis palabras, c-a-d-a u-n-a. Y era sencillo. Abrió su corazón para mí, me dejó saber cosas que en sus palabras, no había podido confiar a nadie. Lo más invaluable es que me escuchó y estuvo ahí todo el tiempo. De las cosas más valiosas de entonces, puedo decir que viajaba del otro lado del mundo para verme. Y yo me recocijaba en todas esas acciones sabiendo que lo hacía porque me quería, le gustaba.
Pasamos unos muy buenos meses, él, muy paciente, llevando la relación, sin prisas, sin presiones, disfrutándola. Y yo... bueno, la padecía. Era tan... perfecta, tan... sólo era, que me asustó pensar que podría quedarme ahí. Yo no estaba para una relación así, detestaba la rutina, detestaba la calma, la tranquilidad, la paz y queria algo más emocionante. Imaginaba la vida "perfecta" que podía tener, con un chico lindo y sencillo que siempre estaba ahí, que me acompañaba a largas caminatas al otro lado de la ciudad, que me acariciaba y me miraba con ojos realmente amorosos. Que me platicaba, que se reinventaba a mi modo para estar conmigo aunque conservando su esencia. Me soportó todo estoicamente, todo.
Otras situaciones de mi vida que me llevaron a recluirme en casa, me hicieron tomar la decisión de dejarle. No recuerdo tal cuál cómo pasó realmente, pero me alejé. Me dediqué a ser una horrible persona, a ser odiosa.
Y regresé, no sé quien se acercó a quien, pero terminé deseando regresar e intentarlo de nuevo: error. Yo seguía en ese estado de exitación que me hacía desear otra vida, una autodestructiva. Y miré con toda sinceridad que, a pesar de que podía tenerlo todo con él, no lo quería. Y lo dejé ir.
No tendría que decirlo, pero lo que pasó fue que lo cambié. Lo dejé para irme con otro. Aún eso lo aceptó sin crisis, sin reclamos, sin drama, yo creo que se daba cuenta de lo que pasaba y me entendía. Tal vez sabía que no podía tener con él una relación de ese tipo, y probablemente supo que para él, también era mejor así.
No puedo olvidar los detalles, los besos, sus caricias. Sus palabras, lo que vivimos, quería compartirme todo. Pero yo no podía hacer lo mismo con él. Había visto y sabía demasiado de mí, no podía soportarlo. Él me agradaba, realmente me agradaba.
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